Bogotá

afueras de Bogotá <!– @page { size: 8.5in 11in; margin: 0.79in } P { margin-bottom: 0.08in } –>

De vuelta en esta ciudad con toque gotico. El regreso fue una oportunidad para poder disfrutar de ella nuevamente. En un comienzo inició todo como un malentendido pasional. Después se aclararón las cosas y recobré mi independencia, libertad y tranquilidad mental una vez más. Es mejor a veces estar solo.

Logré conocer la láguna de Guatavita, la zona religiosa y su catedral de sal de Sipaquirá, que a mi gusto es una perdida de energia, mas disfruté de la cafetería y los baños adentro de la misma - siempre había querido orinar en una iglesia- y claro que el cine! wow! el comercialismo en su más celestial expresión.

Conocí mucha gente de diversa mentalidad en unos cuantos días y el clima, la ciudad, la cultura, lo mucho que hay que hacer en Bogotá hacia que me enamorara y decidiera trabajar por aca, mas mis intentos, o fueron infructuosos, o bien insuficientes. Sea uno o sea otro, Bogotá terminó al igual que la plata, que para este momento tenia contada.

Casi se acababa todo, existian 2 posibilidades: jugarmela o fugarme. Jugarmela significaba correr el riesgo de quedarme en la calle sin nada. Esto era bastante motivante y exitante por un lado, por el otro, fue algo para lo que no estaba bien preparado. Sabía que si entraba al Perú, mi viaje iba a ser así, mas considero una gran diferencia vivirlo ahí, que con lo que hubíera sido en una sociedad probablemente mas conservadora (Colombia).

Por otro lado, en el Valle de Anahuac, el futuro pintaba bien. Al parecer existía una oportunidad de trabajo por ahí y esto, era sencillamente la oportunidad para recuperarme.

Al día siguiente de tomar la desición, tome mi mochila y me dirigí a la terminal de buses.

El regreso iniciaba…