México Barbaro
-Hoy no tengo hambre, tengo 30 minutos antes de volver al computador a arruinar mi vista. Mejor la arruino de otra manera.
22 horas, Puente de Alvarado, entre comercios callejeros, movimiento, el metro y los vehículos avanzando con gran velocidad, se encuentra una multitud de gente en una esquina; al centro, 2 hombres en pelea.
-Función de box. ¡Magnifico! Veamos…
Ambos contrincantes de estaturas similares, aunque diferentes pesos. Señoras, niños, jóvenes, caminantes de todo tipo que rumbo a su casa se encuentran con la ruptura de rutina.
Un golpe aquí, otro allá. Uno de ellos intenta colapsar al otro tomándolo de las piernas, y una función como de charro aferrándose a su toro, los golpes siguen.
Box per se, no es; no hay guantes, no es deportivo, hay agarrones, patadas, violaciones de reglas, sin embargo los espectadores saben que no es un show, no es falso, es odio, rabia, rencor, enojo descargándose en cada puñetazo en la cara, en el pecho, estomago, cráneo. La batalla es equitativa.
-Han pasado unos minutos, todavía tengo tiempo, seguro terminarán antes de regresar al trabajo.
Repentinamente, en un descuido, uno cae, el otro golpea contundentemente su cara, poco a poco, se marca la diferencia. ¿Por honor no debería esperar a que se levante? ¿Honor? ¡Ja! ¿En el siglo XXI? Nada de eso. Por el contrario, la lluvia de golpes continua.
Uno ha ganado, mas no lo reconoce, ahora la batalla sigue hasta enseñar la lección completa. El caído esta sin fuerza, sangrando, respirando fuertemente; El campeón, sigue golpeando, se levanta, sin lustrar la bota, cual bola de fútbol, la cara del vencido es pateada una vez. Los ojos de los espectadores se abren, no querían ver tanto, se asombran, no pueden reaccionar, las mujeres recobran ese instinto de ayuda al prójimo, olvidado en otros tiempos mas solidarios. La pierna toma fuerza, otra patada en plena cara. Gritos, palpitaciones, más sangre.
La indig-nación finalmente aparece, la gente protesta. El espectáculo acaba tristemente en la persecución del campeón. Así es, tristemente. La barbarie es apreciada en plena cuidad cosmopolita, moderna. La Barbarie esta ahí, desde sus espectadores, hasta sus ejecutores, omnipresente.
Propagandas de Pena de Muerte de un partidito verde…
Estoy seguro que en el 2010, celebraremos con verdadero orgullo el bicentenario de nuestra “independencia”. Tanto el campeón, como el de la cara rota y deforme, gritarán, ¡Viva México!
